La semana anterior el mundo celebro el Día del Agua. La llamada civilización, concentrada por el ser humano en tecnologías invasivas, destrucción del orden natural y muchas actividades ilegales, ha convertido en una tragedia para el mundo la vida del agua.
En otras ocasiones las páginas de Amigos del Planeta se han ocupado de los diferentes aspectos de la crisis del agua; recordamos en esas oportunidades como la leyenda bíblica intuyó los comienzos del caos cuando según ellos, la creación del mundo comenzó por separar los elementos esenciales de la existencia: el aire, la tierra y el agua; un capítulo especial ocurre según esa leyenda con motivo de la inundación o diluvio universal que generó un nuevo orden natural a la existencia de la tierra. Ese imaginario sobre el cual se supone llegó luego del ciclo ordenador de la naturaleza, a una situación propicia para el imperialismo del hombre sobre los demás entes de la flora y la fauna.
Otras leyendas e imaginarios se ocupan del mismo fenómeno, así por ejemplo, la cultura azteca en tiempo prehistórico describía las inmensas lagunas que hoy, por cuenta del hombre, son el terreno sobre el cual se levanta la ciudad de México. (“Guadalajara en un llano, México en una laguna”, dice la canción mexicana) y, se sabe que la sabana de Bogotá era una inmensa laguna y sus pobladores, diestros navegantes. Son versiones de uno y otro pueblo sobre la manera como la naturaleza ordena la tierra, sus montañas y depresiones, ordena el agua que por razones del clima estacional y la gravitación, forma sus propias causes hasta caer en los abismos que son ahora los océanos.
Volviendo al tema de Bogotá o Bacata, sus pobladores marinos fueron desapareciendo al ritmo de la desaparición de la laguna, quedan como recuerdo los humedales cada vez mas exiguos en la capital de la republica; se sabe también que ya a comienzo del siglo XX, los santafereños iban a las orillas del rio san francisco – hoy avenida Jiménez-, a pescar varias clases de peces entre ellos el capital para su alimentación; y que la vida de seres acuáticos en toda la sabana era rica antes de la urbanización implacable que le robó el oxígeno tanto a los ríos que bajan de los cerros (el san Cristóbal el san Agustín el san francisco, etc.), y que los humedales se convirtieron en urbanizaciones, aeropuertos y avenidas contrariando las leyes elementales de la ecología de la región.
Se trata como bien se ve de la lucha mortal entre el jactancioso desarrollo industrial y tecnológico de la sabiduría humana que ataca y sigue atacando la armonía sabia de la naturaleza. En Bogotá cada día desaparece un humedal aplastado por la civilización y el urbanismo; los ríos vienen pervertidos desde las alturas de los cerros tutelares; sus corrientes frescas y vivas las ha convertido el hombre urbano en alcantarilla y muertes y los pocos humedales que van quedando están destinados al exterminio bajo el peso invasivo de las avenidas y los edificios.
Como si todo esto fuera poco hay quienes se dedican a devastar los bosques de los cerros y de la planicia a nombre de la urbanidad y la civilización; los mismos que desforestan o incendian las praderas y los que explotan las canteras y reducen a cenizas los pajonales.
No valen las reiteradas alarmas de los científicos, los académicos y la prensa. Así por ejemplo, el domingo pasado el diario el espectador el primera pagina titula a cuatro columnas, así: “PERDEMOS TIMIGUA”, para referirse al parque nacional natural timigua ubicado en la amazonia que según la crónica “perdió un poco más del 40% de los bosque que tenia”.
El drama de las aguas que surten a la megalópolis de Bogotá sufre su propia tragedia: son depósitos de agua luego de orientar el rio Bogotá hacia ellos; aguas pero ya sin vida: en la misma edición del diario citado da cuenta de que “el rio Bogotá pierde su pureza y llega al punto máximo de contaminación en la zona industrial de los municipios aledaños a la capital razón por la cual el tibitoc que surte nuestros acueductos, está contaminada.
Hemos hablado de una fracción minúscula del territorio nacional; es como una síntesis de la tragedia ecológica nacional que empieza con el maltrato a los nevado y a los páramos, que es más notorio por cuenta de desforestaciones ilegales de madereros y mineros que pervierten el orden ecológico; y así, a lo largo y lo ancho de la geografía nacional el hombre se ha encargado de destruir la naturaleza; en el mismo sentido anda el mundo: el cambio climático producido por el ser humano está agotando el agua polar y ensuciando todas las fuentes; la industria intoxica las corrientes en todos los continentes y por eso el periódico El Tiempo de Bogotá el 22 de marzo del 2026 titula así una alarma ambiental: “El océano ya no es solo una cuestión ambiental, sino de supervivencia”( fuente KILAPARTI RAMAKRISHNA).
Y como el drama es largo y mortal para la vida del agua, del aire y de la tierra, informamos a nuestro lector que esta crónica continuará.
Fuente: Pedro Manuel Rincon – FADP
