La celebración del Día de la Tierra nos invita a reflexionar sobre dos dimensiones inseparables: el planeta que habitamos y el suelo que nos sustenta. Hablamos del terruño, de los surcos que alimentan la vida y de los ecosistemas —páramos, bosques y fuentes hídricas— hoy vulnerables ante el avance de un desarrollo humano que altera sus ciclos naturales.
La existencia misma de la Tierra está hoy amenazada por un modelo extractivista y agotador. Por ello, delegaciones de sesenta naciones y organismos internacionales se reúnen para debatir la transición energética, un paso crítico para garantizar nuestra permanencia. Sumado a esto, urge una educación sobre el uso de la tierra que detenga el abuso de agroquímicos y la toxicidad en la producción de alimentos. En última instancia, estos no son solo debates técnicos, sino la lucha por la supervivencia de los pueblos y de la vida misma.»
Fuente: Pedro Manuel Rincon – FADP
