En las tierras altas de Etiopía, a más de 3,000 metros sobre el nivel del mar, sobrevive uno de los cánidos más raros del mundo y el más amenazado de África, el Lobo Etíope, sobreviven menos de 500 individuos que viven en seis manadas.

Durante décadas, los científicos los estudiaron como cazadores especializados de roedores gigantes, hasta que en 2024, observaron algo que nunca habían visto en ningún gran carnívoro: estos lobos estaban bebiendo néctar de flores, y no era un comportamiento ocasional o anecdótico, los lobos visitaban regularmente las flores conocidas localmente como «antorchas etíopes»— pasando más de 90 minutos moviéndose de flor en flor, y sus hocicos cubiertos completamente de polen dorado.

Los investigadores observaron este comportamiento en múltiples manadas diferentes, con adultos llevando incluso a los cachorros a los campos de flores, evidencia clara de que se trata de un comportamiento aprendido socialmente.

Este descubrimiento ha sorprendido a la comunidad científica, nunca antes se había documentado a un depredador grande y ciertamente no a un carnívoro obligado como el lobo, alimentándose de néctar de forma sistemática. Los pocos carnívoros que consumen néctar son especies pequeñas que pesan menos de 6 kilogramos, como civetas y algunos mapaches. Los lobos etíopes pesan hasta 16 kilogramos y han sido carnívoros estrictos durante millones de años de evolución.

El giro inesperado que hace esta historia aún más extraordinaria, es que al alimentarse del néctar, los lobos se cubren la cara de polen, convirtiéndose potencialmente en los primeros grandes carnívoros polinizadores documentados en la historia. Es posible que mientras disfrutan su dulce premio, estén facilitando la reproducción de estas flores endémicas, creando una relación mutualista única en la naturaleza.

Este hallazgo destaca una interacción evolutiva única y sorprendente entre este depredador amenazado y la flora local.

Fuente: Infoabe

Verificado por MonsterInsights