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Hace unos 40 años, llegó a Nairobi, capital de Kenia, como cónsul de Colombia, el escritor cartagenero Germán Espinoza y luego de “matar” un insecto en la habitación del Hotel, llamó para que un empleado sacara el insecto. Como las leyes kenianas –país modelo en protección de animales-, prohibiera y sancionara este acto de nuestro cónsul, debió cancelar de inmediato una cuantiosa multa.

La anécdota viene al caso porque ese país, desde hace muchos años y con la autorización de Naciones Unidas, se convirtió en un santuario de vida ante la acometida bárbara de cazadores e industriales que pretendían acabar con ese maravilloso ecosistema africano. Contra tanta adversidad, los gigantes del mundo, 2.000 elefantes sobreviven allí en la actualidad.

Los alrededores del parque Amboseli cercano al Kilimanjaro están abusivamente invadidos por la agro-industria del aguacate contra toda prohibición exponiendo a los elefantes de la reserva en peligro de extinción; son 73 hectáreas invadidas en sus alrededores por la industria aguacatera que impide la circulación de las manadas de elefantes en busca de agua y con obstáculos que van desde gigantes páneles y verjas eléctricas.

La invasión agrícola trasgrede normas internacionales, abusa con el inmenso consumo de agua, obstruye el paso de los animales y atenta contra especies de fauna y flora que la humanidad conserva como patrimonio. De otra parte, la reserva hace parte de la cultura local y ha desarrollado un turismo no consumista y de respeto a los ecosistemas del país de lo cual depende el trabajo y la economía nacional. La disyuntiva: elefantes o aguacates, es real y tras los hermosos animales amenazados por la agricultura, se amenaza al país africano, a la biodiversidad y al mundo entero.

Fuente: Fundación Amigos del Planeta.

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