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5 de junio, “el Día Mundial Del Medio Ambiente”. Celebración universal para tomar conciencia no solo de lo que tenemos sino de las responsabilidades –también de todos-, frente al entorno universal que hemos puesto en peligro por los abusos, las ambiciones y las irresponsabilidades humanas.

¿Pero, qué es lo que el hombre (único animal inteligente de la tierra), a lo largo de su compleja y contradictoria historia ha entendido como “Medio Ambiente?” ¿hemos estado a la altura frente a las responsabilidades “con la barca de todos” en la que navegamos y fuera de la cual “no hay salvación”? ¿Sabremos acaso qué es vivir y hasta cuándo vivirá nuestra especie si insistimos en destruir el Medio Ambiente? por eso el título de este texto: Medio Ambiente, la vida de todos.

El ser humano, sus ignorancias y su reduccionismo pragmático ha circunscrito la vida a sus inmediatos entornos, olvidando el formidable aparato eco sistémico; el remoto habitante de las estepas, el aborigen internado en sus misteriosos caminos selváticos, los pueblos primitivos, el forzado agricultor, los artesanos han entendido mejor que los inscritos por el destino a “las grandes civilizaciones”, el formidable sentido de la realidad natural que les rodea y por eso el mito y las creencias populares tienen el sentido de respeto divino a los entornos naturales, al proceso de sus fructificaciones milagrosas, a la reproducción majestuosa de la vida y el porvenir; sus acciones no van más allá de sus justas y ajustadas necesidades también naturales y por ello, en lo posible, no destruyen el medio ambiente.

El hombre auto denominado civilizador, en cambio, hace de ese concepto, una depredación continua y creciente, afrentosa y letal; de ello, -quién lo creyera-, se ufana y se mata con los pretextos económicos y políticos más ruines y suicidas.
Hay quienes suponen con el craso egoísmo del poder privado, que su derecho consiste en depredar, consumir, desperdiciar, disputar, matar al otro; escenario cotidiano del ejercicio vivencial del argumento, lo dan quienes adquieren “su finca de recreo” para suponer con cínico egoísmo que a ella van para disfrutar “su” medio ambiente y que más allá de sus cercados, el medio ambiente no existe o no le importa. Y no han faltado autoridades civiles que creen estar en paz con el medio ambiente, vergonzosamente convertido en cemento, que plantando entre el asfalto un árbol estrangulado por la urbe y sobre él la aventura de un pajarito que se posa en su rama reseca, es suficiente.

Sobran en las ciudades los habitantes que creen que fuera de sus entornos familiares, la vida no existe; que abusan de los espacios públicos con sus desechos, su felicidad y su bienestar a cuenta de los demás; y así, el estado les endulza el atrofiado oído con sus obras de cemento y asfalto, con sus explotaciones depredativas, con sus falsas riquezas y sus minúsculos egoísmos, para decir que el medio ambiente existe, mientras lo están matado al derribar sus bosques, derretir sus nevados, aniquilar los suelos, envenenar sus aguas y el aire, todo, a nombre de la civilización y la riqueza.
Con tales desafueros, están asesinando el medio ambiente!

Fuente: Fundación Amigos del Planeta.

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